16 febrero, 2009

Regreso

Algunos andenes reservan al viajero gratas sorpresas. El tren al que subí hace ahora casi un año me ha llevado por territorios nuevos y maravillosos. No ha dejado de desplegar ante mí constelaciones desconocidas.

Me trajo a esta ciudad mediterránea, lejos de mi querida Madrid donde tanto, tanto he aprendido; a esta ciudad de mar y huerta, de pólvora y luz, de jardines largos y estrechos, de torres rotundas y casas viejas, de gentes cercanas y cordiales; a esta ciudad que ya conocía pero que he redescubierto. Porque nada tiene que ver con la Valencia que conocí hace ya quince años: el viajero a veces vuelve, y cuando vuelve mira con ojos distintos, respira con otros pulmones, vive con un corazón que ya no es el mismo.

Aquel tren me trajo a este hogar (¡oh, sí, otra vez un hogar!, no se acaban los hogares así como así), donde cuido y me dejo cuidar, quiero y me dejo querer, miro, respiro y vivo como una persona nueva.

Aquí, en esta casa, junto a un hombre y un gato mimosos y alegres, amantes y amables, he descubierto que a veces los sueños se hacen realidad…

http://www.edaf.net/es/libro.asp?producto=1694


…y ahora pienso que, para hacerlos llegar a tu andén, lo que más importa es no dejar de creer en ellos.

El viajero ha regresado.

10 marzo, 2008

Los viajes de Gupe






En los andenes, el viajero descansa de la travesía que lo ha dejado sin fuerzas, exhausto, incluso puede que herido; aprovecha para atarse los cordones de las botas, comerse un bocadillo, espantar moscas. Ve pasar otros trenes, algunos ultramodernos que desaparecen a la velocidad del sonido, despeinándolo; otros, estrechos y viejos, se alejan lentamente con un bufido.

A veces se sube en uno de ellos, uno que no tiene asientos acolchados, ni bandeja individual, ni siquiera televisor ni azafatas que sirven medialunas diminutas envueltas en plástico transparente. Tampoco llega a su lejano destino en menos de dos horas. Se sube aunque sea un tren antiguo y lento porque le gusta contemplar el paisaje desolado de Castilla, leer un cuento de Matute o echar una cabezada.

Otras veces, se queda en el andén descansando. Las estaciones tienen su encanto, no todo va a ser ir de un lado a otro en esta vida, piensa el viajero, habrá que saborear las paradas.

Hasta que pasa un tren que le gusta, y entonces se sube.

Yo ya he disfrutado bastante de este andén. He descansado, he atado los cordones de mis botas y he espantado unas cuantas moscas. Tal vez dentro de un tiempo regrese a esta misma estación, o tal vez me siente en el banco de otro andén a contar otras historias, cuando decida qué historias quiero contar desde allí.

En cualquier caso, muchas gracias por leerme durante este tiempo. Nos vemos en la próxima estación… y feliz viaje.

21 diciembre, 2007

Gracias, 2007



Termina 2007, y no se me ocurre mejor manera de despedirlo que dando las gracias.


Gracias a Paula y a Chema, por enseñarme que se puede tener una familia aunque no se compartan genes.

Gracias a Paula, por enseñarme lo que es tener una hermana pequeña a la que querer y cuidar a partes iguales.

Gracias a Chema, por enseñarme que hay muchas formas de hacer las cosas bien; por dejarme llorar en su hombro casi a diario; por reírse conmigo.

Gracias a Eloy, por enseñarme que la amistad puede sobrevivir a vínculos más pasajeros; por estar ahí a pesar del daño; por abrazar a los árboles.

Gracias a Marcela, por enseñarme a ver cómo soy de verdad.

Gracias a Raúl, por recordarme mi lado femenino.

Gracias a Marcelo, por recordarme lo que significa ser familia; por enseñarme cuánto se puede luchar.

Gracias a mi madre, por ser tierna todo el año, todos los años.

Gracias a Su, por confirmarme que nuestra amistad está por encima de otras circunstancias.

Gracias a Gonzalo, por cuidarme y mimarme; por los miguelitos y por no perder los mortadelos conmigo.

Gracias a Rafa, por compartir conmigo su amor a la literatura, por leer, por leerme, por escribir, por escribirme.

Gracias a Yingming, por confiarme sus inquietudes filosóficas.

Gracias a Vera, a Fani, a Mariadel, a Eva, por estar ahí a pesar de tener una familia a la que cuidar; por dejarme mimar a sus bebés.

Gracias a Diana, por enviarme su luz.

Gracias a Pastora, a Marie, a Susana, a Fidel, a Pableras, a Gonzalo M., y a tantos amigos, por recordarme que la distancia no es un obstáculo.

Gracias a las páginas en blanco, por darme Alas.

Gracias a todos, y feliz año nuevo.

22 noviembre, 2007

Qué escándalo




Hace unos días leí que habían arrestado a un señor en Escocia por mantener relaciones sexuales con una bicicleta en su habitación de hotel. Lo detuvieron por escándalo público y ahora está inscrito en el registro de delincuentes sexuales.

Lo leí en la BBC: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_7096000/7096683.stm, por lo que es probable que la noticia sea cierta.

Ante semejante historia, me vienen varias preguntas a la mente. La primera de todas es también la más morbosa: ¿¿¿¿Cóóóóómo???? O tal vez debería ser: ¿¿Por dóóóóónde??

Pero más allá de la curiosidad malsana (o muysana), existen otras incógnitas más serias: ¿escándalo público?, ¿en su habitación de hotel? Será escándalo privado, en todo caso. Digo yo. Y… ¿no puede hacer uno en su habitación de hotel lo que le plazca? (siempre que no ponga en riesgo a los demás huéspedes, y dudo que esa fuera el caso). Porque entonces… ¿qué habría pasado si hubiesen pillado a este señor dándose tregua con la mano?, ¿lo habrían detenido también por escándalo público?, ¿o por pecado de Onán? (con la bici no sé si sigue siendo pecado de Onán o ya pasamos a otra categoría, no lo tengo claro…)

No lo entiendo… ¿por qué no detienen a las camareras por allanamiento de habitación? ¿Es que no está ya uno a salvo de juicios ni encerrado en su habitación?, ¿de verdad pueden detenerte por andar jugueteando en tu cuerpo con objetos?, ¿o con algunos sí y con otros no?, ¿existe una lista de los juguetitos permitidos?, ¿de los no escandalosos? Las chicas lo tenemos más fácil para esconder el arma del delito, siempre que no haga mucho ruido, claro. A menos que nos dé por experimentar con manillares...

¿O es que tiene una que atrincherarse colocando cómodas, sillas y bicicletas contra la puerta de la habitación del hotel para que no entre ninguna mojigata? Y digo yo: ¿Para cuándo un chip en el cerebro que detecte pensamientos impuros? Y así todos juntitos, la humannidad al completo, en la cárcel, por escándalo público.

18 octubre, 2007

Chinchetas


Hoy me han explicado lo que son las creencias limitantes. Son esas frases lapidarias, pronunciadas con tono de verdad absoluta por alguna figura referente (padre, madre, hermanos mayores, profesor…), destinadas a explicar con una increíble simpleza algo tan complejo como un comportamiento, un rasgo de carácter o una actitud que de otro modo resultaría incomprensible. O tal vez sólo más incómodo de comprender.

Se genera una creencia limitante cuando, por ejemplo, unos padres dicen a su hijo: «Pero qué negado eres en matemáticas» cada vez que, a los ocho años, le sale mal una resta con llevada. Es probable que, efectivamente, el niño termine por ser negado en matemáticas. Se compra la explicación minimalista (¡¡porque se la venden sus propios padres!!), la graba en algún lugar de sus emociones y a partir de entonces la frase se comporta como una chincheta que lo clava a la pared por la manga del jersey y no le permite seguir caminando. El niño permanece anclado en la negación matemática.

Teóricamente, nos quedamos con estas creencias porque nos sirven para algo. A una amiga mía su madre le ha dicho varias veces que a su hermano, antes de nacer ella, su padre no le pegaba. Que estaba encantado con él, que lo llevaba a todas partes y que lo quería con locura. Que la cosa cambió cuando mi amiga comenzó a despabilarse. Cuando empezó a portarse bien, supongo, porque mi amiga era muy buena de pequeña. La explicación, seguramente, le sirve a su madre para descargarse de la responsabilidad de no haber sabido proteger a su hijo de las palizas de su padre. Eso sería más incómodo de reconocer, sin duda. Lo que no sé es para qué le ha valido a mi amiga comprarse semejante creencia. No sé qué le ha visto a la frase para quedársela, así tal cual, sin matizarla, ni dejarla reposar, ni darle alguna vueltita para ver qué esconde. Tener grabado en algún recoveco de su mente o de su cuerpo o de su alma que su hermano empezó a sufrir porque ella nació debe de ser una losa difícil de llevar para mi amiga. Sí tiene pinta de ser limitante, sí. Yo, si alguna vez tengo hijos, prometo no regalarles ese tipo de chinchetas.

Pero hoy no todo han sido averiguaciones sombrías: también me han contado algo positivo. Parece ser que, una vez se deshace uno de las chinchetas que lo mantienen clavado a la pared, es fácil que uno eche a volar y deje de ser un negado en matemáticas. Incluso es posible que llegue muy lejos, hasta el infinito. O más allá.

26 septiembre, 2007

Rottenmeier


Se acabaron las clases de filosofía y los regalos infinitos; los panes calientes y dulces y los «Dios mío, ¿y qué le contesto yo ahora?»; las reflexiones sobre calabazas y gomas de borrar, cuerpo y espíritu, felicidad y pulgas; los Ferrero en Navidad y las pegatinas de mariposas; los corazones de papel y los lápices con flores dibujadas.

Me ha dado pena decirle adiós a Yingming, y ni siquiera pude despedirme. Ayer me confirmaron en la academia que los padres han buscado otra profesora. Pues vaya. Algo así me esperaba, porque el padre (la madre no, no habla español) me había pedido ya alguna vez que le pusiera ejercicios adicionales y que le exigiera más a la niña. Que andaban muy preocupados por ella, por las notas, me dijeron en la academia. ¿Preocupados por ella? ¡Pero si es brillante! Tal vez sus notas no lucen mucho: saca bienes y notables (uf) en lugar de los sobresalientes que sus padres esperan, pero ella es genial. ¿Se habrán tomado la molestia de escucharla alguna vez? Lo dudo. O quizá sí, se han sentado a escucharla y no la han comprendido porque, sencillamente, la niña y sus razones están por encima de sus posibilidades.

Siento no verla más, me gustaba hablar con ella. Seguramente no logré que sacase nueves en matemáticas o en «cono». Bueno, seguramente no: no lo logré. Pero yo sí la escuchaba, y le di libertad para preguntarme lo que quisiera (aunque no siempre supiera contestarle…), para razonar a su antojo, para expresarse como deseaba. Creo que eso es más importante que las notas. Sobre todo cuando no se suspende nada.

Así que en el fondo yo me lo he buscado. Por jugar al Club de los poetas muertos. Los padres han encontrado a una rottenmeier que le ponga ejercicios extra a su hija (que va al cole de lunes a sábado, por cierto). Lo único que me alegra es que no seré yo quien contribuya a cuadricularla. Ni a presionarla. Ni a exprimirla.
¿Por qué ese empeño en que las notas sea lo único que cuenta para los niños? ¡¡Si en la vida real no hay notas!! No entiendo nada. En fin.

Hasta pronto, Yingming. Espero que seas más fuerte que todos ellos y sepas conservar tu brillo. Siempre.

27 agosto, 2007

Las pequeñas virtudes



Se han acabado las vacaciones, y este verano he aprendido muchas cosas:


-Que algunas medusas, cuando pican, te dejan una cicatriz en forma de grafitti, como si quisieran plasmar su firma; pero al cabo de dos días, si no piensas en ello, deja de escocerte.

-Que las madres siempre consiguen, de alguna manera, recolocar sus convicciones y sus creencias para encajar las decisiones de sus hijos, por muy incomprensibles que les resulten en un principio.

-Que algunas personas a veces tardan mucho en darse cuenta de que te fallaron en un momento crítico de tu vida, pero acaban reconociéndolo, y es de agradecer.

-Que es emocionante reencontrarse con una amiga de la adolescencia y comprobar que, a pesar del tiempo, la complicidad sigue ahí; y recordar con ella cuáles son las cosas que de verdad importan en la vida, y lo duro (y contraproducente) que resulta que esperen de ti que seas "perfecta" y que lleves una vida "perfecta".

-Que, si alguna vez tengo hijos, dejaré que sean lo que quieran ser, que sean como quieran ser. Lo prometo.

-Que, en ciertas cosas, algunas dan en el clavo:

"Por lo que respecta la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. [...] Acostumbramos a dar al rendimiento escolar de nuestros hijos una importancia del todo infundada. Y esto no es sino respeto por la pequeña virtud del éxito. [...] Les exigimos el éxito, queremos que satisfagan nuestro orgullo. [...] En general, creo que hay que ser muy cautos al prometer y suministrar premios y castigos. Porque la vida rara vez tendrá premios y castigos. Con frecuencia, los sacrificios no tienen ningún premio, y a menudo, las malas acciones no son castigadas, al contrario, a veces son espléndidamente recompensadas con éxito y dinero. Por eso es mejor que nuestros hijos sepan desde la infancia que el bien no recibe recompensa y el mal no recibe castigo, y que, sin embargo, es preciso amar el bien y odiar el mal, y no es posible dar una explicación lógica de esto."

Las pequeñas virtudes, Natalia Ginzburg.

-Y por último, que los peces jakuzzi no son una leyenda: existen y es una alegría toparse con uno :-)