22 noviembre, 2007

Qué escándalo




Hace unos días leí que habían arrestado a un señor en Escocia por mantener relaciones sexuales con una bicicleta en su habitación de hotel. Lo detuvieron por escándalo público y ahora está inscrito en el registro de delincuentes sexuales.

Lo leí en la BBC: http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_7096000/7096683.stm, por lo que es probable que la noticia sea cierta.

Ante semejante historia, me vienen varias preguntas a la mente. La primera de todas es también la más morbosa: ¿¿¿¿Cóóóóómo???? O tal vez debería ser: ¿¿Por dóóóóónde??

Pero más allá de la curiosidad malsana (o muysana), existen otras incógnitas más serias: ¿escándalo público?, ¿en su habitación de hotel? Será escándalo privado, en todo caso. Digo yo. Y… ¿no puede hacer uno en su habitación de hotel lo que le plazca? (siempre que no ponga en riesgo a los demás huéspedes, y dudo que esa fuera el caso). Porque entonces… ¿qué habría pasado si hubiesen pillado a este señor dándose tregua con la mano?, ¿lo habrían detenido también por escándalo público?, ¿o por pecado de Onán? (con la bici no sé si sigue siendo pecado de Onán o ya pasamos a otra categoría, no lo tengo claro…)

No lo entiendo… ¿por qué no detienen a las camareras por allanamiento de habitación? ¿Es que no está ya uno a salvo de juicios ni encerrado en su habitación?, ¿de verdad pueden detenerte por andar jugueteando en tu cuerpo con objetos?, ¿o con algunos sí y con otros no?, ¿existe una lista de los juguetitos permitidos?, ¿de los no escandalosos? Las chicas lo tenemos más fácil para esconder el arma del delito, siempre que no haga mucho ruido, claro. A menos que nos dé por experimentar con manillares...

¿O es que tiene una que atrincherarse colocando cómodas, sillas y bicicletas contra la puerta de la habitación del hotel para que no entre ninguna mojigata? Y digo yo: ¿Para cuándo un chip en el cerebro que detecte pensamientos impuros? Y así todos juntitos, la humannidad al completo, en la cárcel, por escándalo público.

18 octubre, 2007

Chinchetas


Hoy me han explicado lo que son las creencias limitantes. Son esas frases lapidarias, pronunciadas con tono de verdad absoluta por alguna figura referente (padre, madre, hermanos mayores, profesor…), destinadas a explicar con una increíble simpleza algo tan complejo como un comportamiento, un rasgo de carácter o una actitud que de otro modo resultaría incomprensible. O tal vez sólo más incómodo de comprender.

Se genera una creencia limitante cuando, por ejemplo, unos padres dicen a su hijo: «Pero qué negado eres en matemáticas» cada vez que, a los ocho años, le sale mal una resta con llevada. Es probable que, efectivamente, el niño termine por ser negado en matemáticas. Se compra la explicación minimalista (¡¡porque se la venden sus propios padres!!), la graba en algún lugar de sus emociones y a partir de entonces la frase se comporta como una chincheta que lo clava a la pared por la manga del jersey y no le permite seguir caminando. El niño permanece anclado en la negación matemática.

Teóricamente, nos quedamos con estas creencias porque nos sirven para algo. A una amiga mía su madre le ha dicho varias veces que a su hermano, antes de nacer ella, su padre no le pegaba. Que estaba encantado con él, que lo llevaba a todas partes y que lo quería con locura. Que la cosa cambió cuando mi amiga comenzó a despabilarse. Cuando empezó a portarse bien, supongo, porque mi amiga era muy buena de pequeña. La explicación, seguramente, le sirve a su madre para descargarse de la responsabilidad de no haber sabido proteger a su hijo de las palizas de su padre. Eso sería más incómodo de reconocer, sin duda. Lo que no sé es para qué le ha valido a mi amiga comprarse semejante creencia. No sé qué le ha visto a la frase para quedársela, así tal cual, sin matizarla, ni dejarla reposar, ni darle alguna vueltita para ver qué esconde. Tener grabado en algún recoveco de su mente o de su cuerpo o de su alma que su hermano empezó a sufrir porque ella nació debe de ser una losa difícil de llevar para mi amiga. Sí tiene pinta de ser limitante, sí. Yo, si alguna vez tengo hijos, prometo no regalarles ese tipo de chinchetas.

Pero hoy no todo han sido averiguaciones sombrías: también me han contado algo positivo. Parece ser que, una vez se deshace uno de las chinchetas que lo mantienen clavado a la pared, es fácil que uno eche a volar y deje de ser un negado en matemáticas. Incluso es posible que llegue muy lejos, hasta el infinito. O más allá.

26 septiembre, 2007

Rottenmeier


Se acabaron las clases de filosofía y los regalos infinitos; los panes calientes y dulces y los «Dios mío, ¿y qué le contesto yo ahora?»; las reflexiones sobre calabazas y gomas de borrar, cuerpo y espíritu, felicidad y pulgas; los Ferrero en Navidad y las pegatinas de mariposas; los corazones de papel y los lápices con flores dibujadas.

Me ha dado pena decirle adiós a Yingming, y ni siquiera pude despedirme. Ayer me confirmaron en la academia que los padres han buscado otra profesora. Pues vaya. Algo así me esperaba, porque el padre (la madre no, no habla español) me había pedido ya alguna vez que le pusiera ejercicios adicionales y que le exigiera más a la niña. Que andaban muy preocupados por ella, por las notas, me dijeron en la academia. ¿Preocupados por ella? ¡Pero si es brillante! Tal vez sus notas no lucen mucho: saca bienes y notables (uf) en lugar de los sobresalientes que sus padres esperan, pero ella es genial. ¿Se habrán tomado la molestia de escucharla alguna vez? Lo dudo. O quizá sí, se han sentado a escucharla y no la han comprendido porque, sencillamente, la niña y sus razones están por encima de sus posibilidades.

Siento no verla más, me gustaba hablar con ella. Seguramente no logré que sacase nueves en matemáticas o en «cono». Bueno, seguramente no: no lo logré. Pero yo sí la escuchaba, y le di libertad para preguntarme lo que quisiera (aunque no siempre supiera contestarle…), para razonar a su antojo, para expresarse como deseaba. Creo que eso es más importante que las notas. Sobre todo cuando no se suspende nada.

Así que en el fondo yo me lo he buscado. Por jugar al Club de los poetas muertos. Los padres han encontrado a una rottenmeier que le ponga ejercicios extra a su hija (que va al cole de lunes a sábado, por cierto). Lo único que me alegra es que no seré yo quien contribuya a cuadricularla. Ni a presionarla. Ni a exprimirla.
¿Por qué ese empeño en que las notas sea lo único que cuenta para los niños? ¡¡Si en la vida real no hay notas!! No entiendo nada. En fin.

Hasta pronto, Yingming. Espero que seas más fuerte que todos ellos y sepas conservar tu brillo. Siempre.

27 agosto, 2007

Las pequeñas virtudes



Se han acabado las vacaciones, y este verano he aprendido muchas cosas:


-Que algunas medusas, cuando pican, te dejan una cicatriz en forma de grafitti, como si quisieran plasmar su firma; pero al cabo de dos días, si no piensas en ello, deja de escocerte.

-Que las madres siempre consiguen, de alguna manera, recolocar sus convicciones y sus creencias para encajar las decisiones de sus hijos, por muy incomprensibles que les resulten en un principio.

-Que algunas personas a veces tardan mucho en darse cuenta de que te fallaron en un momento crítico de tu vida, pero acaban reconociéndolo, y es de agradecer.

-Que es emocionante reencontrarse con una amiga de la adolescencia y comprobar que, a pesar del tiempo, la complicidad sigue ahí; y recordar con ella cuáles son las cosas que de verdad importan en la vida, y lo duro (y contraproducente) que resulta que esperen de ti que seas "perfecta" y que lleves una vida "perfecta".

-Que, si alguna vez tengo hijos, dejaré que sean lo que quieran ser, que sean como quieran ser. Lo prometo.

-Que, en ciertas cosas, algunas dan en el clavo:

"Por lo que respecta la educación de los hijos, creo que no hay que enseñarles las pequeñas virtudes, sino las grandes. [...] Acostumbramos a dar al rendimiento escolar de nuestros hijos una importancia del todo infundada. Y esto no es sino respeto por la pequeña virtud del éxito. [...] Les exigimos el éxito, queremos que satisfagan nuestro orgullo. [...] En general, creo que hay que ser muy cautos al prometer y suministrar premios y castigos. Porque la vida rara vez tendrá premios y castigos. Con frecuencia, los sacrificios no tienen ningún premio, y a menudo, las malas acciones no son castigadas, al contrario, a veces son espléndidamente recompensadas con éxito y dinero. Por eso es mejor que nuestros hijos sepan desde la infancia que el bien no recibe recompensa y el mal no recibe castigo, y que, sin embargo, es preciso amar el bien y odiar el mal, y no es posible dar una explicación lógica de esto."

Las pequeñas virtudes, Natalia Ginzburg.

-Y por último, que los peces jakuzzi no son una leyenda: existen y es una alegría toparse con uno :-)

26 julio, 2007

Adivinaciones




Últimamente, las experiencias marcianas se reproducen en la oficina.

Hace un par de días, se sentó a mi lado un compañero, llamémoslo Cándido, para encargarme la traducción de unas partidas de equipos de climatización. Estaba mostrándome la ruta del fichero y, una vez abierto, entre extractores y aires acondicionados, me mira con ojos tiernos, y tímidamente, con mucho tacto, me pregunta:

-¿Cómo llevas el embarazo?

En ese mismo momento, mientras la Menchu inclinaba la cabeza hacia un lado de la pantalla de su ordenador para poder contemplar la escena sin obstáculos, aparecieron en mi mente varias cosas: un condón pinchado, un útero con un feto, ambos de color anaranjado (tipo ilustración de libro de secundaria) y una frase que se materializó en cuestión de microsegundos, una de esas ideas absurdas que surgen espontáneamente para dar explicación lógica a algo que no la tiene ni de lejos: "Pero, ¿cómo ha podido pasar?, ¿¿¿y cómo demonios puede saberlo él si ni siquiera lo sabía yo???".

Al fin logro contestarle:

-Perdona, ¿me has preguntado por mi embarazo?
-Sí -sigue contándome con la misma timidez-... como el otro día nos invitaste a palmeritas porque estabas de tres meses...

¡¡Una broma!! Aquello fue una broma... Qué susto. De repente lo había imaginado en su casa con una bola de cristal en las manos, adivinando estados de esperanza (o desesperación, según el caso). Después de explicarle que aquello había sido un chiste de las chicas, todos nos reímos (incluida yo) con ganas.

No hace falta decir que desde entonces soy la embarazada oficial de la oficina, y que gasto mucho cuidado con el café que tomo. Ya tengo hasta padrino para mi nohijo.

En favor de Cándido he de decir que demostró una abertura mental nada despreciable, dados los compañeros (que no las circunstancias), al no entrar en modo aturullado cuando pensaba que 1) no tengo novio 2) vivo con un divorciado y su hija 3) no me enrollo con mi compañero de piso y 4) estoy embarazada.
¡¡Hasta yo me asustaría!!

28 junio, 2007

Marcianos



El pasado 26 hizo tres meses que empecé en mi actual trabajo mañanero. Para celebrarlo, y porque me lo pidió mi compañera, la Menchu, compré unas palmeritas de chocolate para el café de las once. Con la excusa, nos reunimos todos en la cocina, menos el nuevo (que no sabemos si no nos entiende porque es guiri, no nos oye porque no se quita nunca los cascos, o simplemente pasa de nosotros) y el súperjefe, que atendía otras obligaciones.

«¿A qué se deben las palmeritas?», preguntaban los chicos conforme iban entrando. «La Franchu (la Franchu soy yo, por aquello de que traduzco al francés), que está de tres meses», contestaban las chicas, maliciosas ellas. Uno de los chicos, llamémoslo Paco Martínez (no se me ocurre nadie más rancio así a bote pronto), aprovechando la circunstancia, se decidió a informarse. Y digo que aprovechó la circunstancia porque quedó clarísimo que llevaba tiempo rumiando su curiosidad, y se ve que esta ocasión le pareció suficientemente calva. Así que, muy ufano él, me comenta:

— Tu chico estará muy contento, ¿no? Tres meses ya.
— ¿Mi chico?, ¿tres meses? Pero has pillado que no son tres meses de embarazo, ¿no? Sino que llevo tres meses aquí.
— Si, bueno, eso. Que estará contento tu churri, digo.
— ¿Questarácontentomiquéee?
— Tu churri, tu chico, tu maromo…
— Pues no tengo, pero de tenerlo supongo que se alegraría por mí, sí.
— ¿No tienes novio?

En este momento repasé mentalmente a todos los chicos de la oficina, y concluí que me daba igual que supieran o no que estoy soltera —unos por feos, otros por casados, otros porque leen a Ken Follet y la mayoría por todo a la vez, están descartados de mi lista—. Aún así, fui sincera con Paco Martínez.

— No, no tengo novio.
— Ah —repuso él, muy pillín— como a veces hablas de «tu compañero de piso»…
— Claro, es que compañero de piso sí tengo, pero novio no.

Cara de póquer. En el fondo, esta gente que ha visto tan poco mundo me da un no sé qué tirando a penilla, yo creo que sacan mi yo más vanidoso o algo. No sé, será que vengo de un ambiente (el de estudiantes en ciudad ajena) bastante más abierto y estos otros me parecen recién salidos de los años 40. El caso es que se lo expliqué como si fuese un niño, en plan «yo sí, pero ella no».

— A ver: vivo con un chico, que por lo tanto es mi compañero de piso, y además es mi amigo, pero no somos pareja.
— Aaaah. O sea que vivís los dos —me dice dudando, como para ver si lo ha entendido bien.
— No —le contesto, para liarlo un poco más—, vivimos los tres: también está su hija.
— Peroooo… entonces… ¿La lavadora, por ejemplo, la ponéis juntos?

¿Será esta su forma de preguntarme si follamos? No lo tengo muy claro, pero como metáfora no está mal. Igual la uso en algún cuento: «Hacía ya varios meses que lavábamos la colada por separado… ».

—No —le contesto—, cada uno pone sus propias lavadoras. Pero con la comida, sin embargo, hay promiscuidad absoluta. Todos nos comemos lo de todos.

En fin, la conversación quedó aquí, no era plan de acabar diciendo alguna barbaridad. Aunque alguna vez dejaré de contenerme y le soltaré una buena a esta gente tan «del establishment». Yo me pregunto: ¿será cosa de los madrileños?, ¿por aquello de que, como aquí están todas las carreras, no se van de casa hasta que se casan —valga la cacofonía—? Aunque tengo amigos madrileños que no tienen esa mentalidad; ¿será cosa de los ingenieros, a quienes se les presupone una mentalidad tendente a la cuadriculación? Pero muchos amigos míos (y yo misma) aun teniendo título ingenieril tampoco pensamos así. No sé, no sé qué será.

Lo que me gustaría que supieran es que ellos, con su camino trazado de antemano (carrerita, curro en oficina de 9 a 9, hasta los 30 en casa con papá y mamá, noviazgo, bodorrio, esperamos dos años, un crío, esperamos dos años, otro crío) son tan marcianos para mí como yo para ellos.

07 junio, 2007

Cóctel primaveral




No sé a vosotros, pero a mí esta primavera me está volviendo loca.

Todos los años, desde hace dos o tres, cuando empieza marzo me tomo algún complemento. Este año me compré tres cajas, tres, de jalea real en varias versiones: con plus de fósforo, para la memoria (que esto de traducir quema muchas neuronas); con plus de propóleo, para las defensas (por los cambios climáticos, digo de tiempo); con plus de aloe vera, para la belleza (pues eso, para estar guapa). Y me fue muy bien, la verdad. Todos los días, en ayunas, mi ampollita, y allá iba yo con mi mochila de sonrisas a la espalda. Luego se me acabó la jalea, y el jaleo también. De repente, necesitaba dos cafés mañaneros para poder llegar medianamente persona al mediodía. Y mis niños eran de pronto más tontos que nunca, angelitos ellos, qué culpa tendrán de mi debilidad primaveral.

Después de dos semanas de languidez, decidí volver a darme a las jaleas. El lunes pasado compré eleuterococo, también llamado gingsen siberiano, que es parecido al coreano pero para chicas. Porque el coreano, por si no lo sabéis, es para chicos. Sí. Hasta la raíz tiene forma de… pues eso, de chico :-) El que yo tomo, el siberiano, es para chicas. Da fuerzas y aumenta las defensas. Puede (eso no está comprobado) que aumente la energía sexual. Espero que esto último no se cumpla. Con la primavera, sus rayos de sol que acarician, sus flores en plena expansión, su calorcito que invita a ir desnudándose (un poquito), sus chicos de mirada húmeda… ya hay suficiente erotismo en el ambiente, no necesito extras.

Además de todo esto, desde hace unos días estoy resfriada. O me ha dado la alergia por primera vez chispas. O estoy resfriada y además tengo alergia. Quién sabe. Así que me tomo tres sobrecitos de frenadol al día. Y esto, claro, me deja un poco lánguida. Pero no importa, porque no olvidemos que tengo eleuterococo, que me da fuerzas, para compensar. Será cuestión de encontrar las dosis adecuadas: dos de gingsen y una de analgésicos, o tres energizantes y dos paracetamoles... pongo aquí, quito allá, y a lo mejor consigo la mezcla perfecta. Y entre tanto, sigo estornudando y rodeada de chicos guapos con mirada hambrienta. Decidme si no es para volverse loca.